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Arenas de Silencio no es simplemente el documental que incita a hablar sin reservas sobre tu experiencia propia de Violencia y Tráfico Sexual.

 

Arenas de Silencio también…

 

Anima a los supervivientes a confrontar a los perpetradores, en pos de la justicia y la recuperación

 

Capacita a los jóvenes para que rompan el círculo vicioso del silencio desde pequeños

 

Estimula a las comunidades a luchar contra la violencia y el tráfico sexual

 

Incita a los perpetradores a resarcirse, curarse y rehabilitarse

 

LEE OTROS TESTIMONIOS DE IMPACTO AQUÍ

 

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LO QUE DICEN LOS QUE CONTRIBUYEN

«Gracias por cambiarme la vida y las de tantos otros.
El universo es más bello porque estáis vosotros aquí.»
– Molly Z

«Gracias por tener el valor de contar tu historia y las de otras personas.»
– Kathryn C

«Gracias por vuestra creatividad, entusiasmo y empatía.»
– Ben V

«Gracias por vuestra creatividad, entusiasmo y empatía.»
– Gracie and Marvin

UNA HERRAMIENTA PARA EMPODERAR A LOS JÓVENES

La primera vez que presentamos nuestra película documental recién terminada a estudiantes de secundaria en Santa Mónica (California), una chica de las mayores ya había levantado la mano cuando empezamos la ronda de preguntas: “Pero cómo pudiste perdonar?”, dijo, “porque a mí me resulta imposible perdonar a los que han abusado sexualmente de mí”. Esa pregunta no nos la esperábamos. Esta proyección era una prueba y no teníamos ni idea de que nuestro documental llegaría tan adentro a los adolescentes. Desde entonces hemos tenido muchas oportunidades de testimoniar el impacto del filme en escuelas y universidades desde Mexicali y Tijuana, ciudades mexicanas en la frontera con EE UU, hasta las universidades de Oxford y Yale, la Universidad Complutense de Madrid, Universidad de Barcelona, Universidad Miguel Hernández e institutos en España.

Después de la proyección a un grupo de cien estudiantes de 14 a 18 años en España, varios tuvieron el valor de subir al escenario y contar sus experiencias personales de abuso, incluso mientras otros se reían de ellos.

“Un tío mío abusó de un miembro de mi familia”, declaró una estudiante senior, “¡y está a punto de salir de la cárcel, como el que abusó de Lala en la película! No sabemos qué hacer…”

A pesar de que algunos compañeros se estaban riendo de ella cuando se levantó para hablar, una chica de 16 años dijo, “Quiero que sepáis todos que acabo de emanciparme de mi padre, que abusaba de mí, y ahora vivo por mi cuenta”.

“Mi exnovio me acosa”, me confesó una quinceañera, “y no sé qué hacer”.

Habíamos invitado a la proyección a orientadores y maestros que desconocían por completo la situación de esos alumnos y pudieron seguir de cerca y profundizar en el tema.

En el cuestionario que los 100 estudiantes rellenaron después de ver la película ese día había al menos 10 que admitieron haber sido víctimas de abuso. Y había muchos otros que conocían muy bien a otras víctimas.

Dos estudiantes de este centro decidieron crear un Club para luchar contra el abuso sexual.