UNA HERRAMIENTA PARA ESTIMULAR COMUNIDADES

UNA HERRAMIENTA PARA ESTIMULAR COMUNIDADES

Una abuela panadera del norte de Minnesota (EE UU) oyó hablar de nuestra película y se puso en contacto conmigo para organizar un minifestival de películas sobre tráfico humano para Hackensack, su pueblo. Cuando vio nuestra película, cambió de opinión y se atrevió a organizar un simposio de dos días sobre Arenas de Silencio e invitarme, junto con Virginia, a formar parte del panel. Más tarde recibimos estas líneas: “Hoy, domingo, mi hija, mi nieta y yo hemos horneado suficientes barras de pan para costear uno de vuestros billetes de avión. De una en una”. Le dije que me había emocionado esa expresión [One loaf at a time hace pensar en One day at a time, algo así como “vive cada día sin agobiarte”] y ella decidió que su evento se llamaría “Simposio Sobre Violencia y Tráfico Sexuales One Loaf At A Time”.

Cuando le dije que iríamos a su pueblo…

IGNITE COMMUNITIES
El público de Minnesota da una ovación a la directora Chelo Alvarez-Stehle y la superviviente Virginia Isaias. Crédito de la foto: Jillian Gandsey
Sands of Silence in Minnesota
Virginia Isaias y Chelo tras proyectar Arenas de Silencio a 450 personas que llenaron las cuatro salas de cine del teatro de Hackensack (Minnesota), un pueblecito de 113 habitantes, a pesar de la tormenta de nieve. 
Linnea Dietrich (izquierda) y Lynnette Dirks, fundadoras de One Loaf at a Time (De barra de pan en barra).

… después de hacer una presentación el día anterior en la Universidad de Yale, sus paisanos se quedaron boquiabiertos. “Pero ¿saben adónde vienen?”, preguntaron. Según Wikipedia, Hackensack solo tiene 313 habitantes. Sin embargo, cuenta con un multicine de cuatro salas para los turistas que acuden en masa a los lagos circundantes en verano. El simposio se celebró en abril y, a pesar de la tormenta de nieve, la sala se llenó con 450 espectadores de toda la zona. ¡Fue nuestra proyección más grande hasta la fecha! El segundo día participamos en un panel junto con un juez, policías, dirigentes de ONG y líderes indígenas americanos. Una joven del lugar relató una experiencia personal impactante de captación de menores y manipulación psicológica que, al decir de la comunidad, “demostraba que este problema no ocurre únicamente en las noticias de tierras lejanas sino que es una amenaza muy real aquí, en casa”.

Salí de allí consternada por la cantidad de gente que, aun viviendo en comunidades remotas e incluso aisladas, participó durante las preguntas y respuestas, o vino a nosotras después con sus experiencias de tráfico y violencia sexual.

Después de irnos, tuvieron una reunión de seguimiento, de la que salieron 20 delegadas que se comprometieron a seguir concienciando con acciones concretas. Todavía me llegan correos y comentarios en Facebook sobre cómo nuestra labor de concienciación cambió la comunidad para siempre.

 

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